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Experiencias de grupo
Primera Etapa del Proyecto Río Luján | 15/05/2004
 

 

 

 

15.05.04

 

En ocasiones, los proyectos se inician por sí solos. Parece que nadie estuviera influyendo en nada, pero – de pronto – de forma inocente, Juan Carlos Paré (JCP) me comenta: “ una vez en 2001 había navegado una parte del Río Luján donde el curso se estrechaba y se llenaba de vegetación. Tan es así que la única forma de avanzar fue a fuerza de machete”.
Hacía mucho tiempo que quien les relata, Jorge Cerasale (JAC), no desarrollaba proyectos de Expediciones. El último había sido Salta 2000... La idea de encarar la navegada como un Proyecto de Expedición, fue – prácticamente – una consecuencia lógica de las personalidades de ambos.


   
   

 

DeAhora la mayor parte de la información es asequible a través de la Internet, por lo que fue más fácil la búsqueda de antecedentes e información sobre la región y la cuenca, la historia, la ecología de las regiones que bañaba el Luján a su paso...

Esta vez (Mayo 2.004), el Proyecto original era remontar la corriente hasta la intersección de la Ruta Nacional 9, después, Juan Carlos y yo nos entusiasmamos: se habló de llevar el recorrido hasta la Ruta Nacional 8... Finalmente, definimos el Proyecto: Se navegará TODO el cauce del Río Luján, desde sus nacientes en las cercanías de Suipacha, en la Provincia de Buenos Aires, hasta su desembocadura en el Río de La Plata.
Empezamos a pensar en el tema paralelamente al desarrollo de la etapa final del Proyecto Río Salado, por lo que – como consecuencia lógica – Alejandro Tychojkij (AHT) y Daniel Ricardi (ODR) integrarían parte de la tripulación. Empezábamos a funcionar como equipo y comenzamos a sentirnos más tranquilos si participaban los otros.
Pero no solo el tramo navegable fue variando: también la forma de encararlo:

Primero fue corriente arriba. Después fue desde las nacientes, con un Equipo de Tierra que se encargaría de aprovisionar el campamento de pernocte.
Los relevamientos que realizamos con JCP y el que realizó él mismo unas semanas antes de la primera etapa, fueron determinantes. Había muy poca agua y casi nada de calado en el curso superior. A la altura de Suipacha, el “Arroyo El Durazno” (uno de los dos cursos de agua que dan origen al Río) dejaba ver muy cerca de la superficie afloramientos de tosca que sin duda dañarían la hélice del motor.
Ese día, 14 de Marzo recorrimos algunos kilómetros por sus orillas, corriente abajo. Allí nos encontramos con un pescador que nos comentó de la gran cantidad de alambrados que cruzan el cauce rumbo a la confluencia...

 


Más adelante, a la altura de la localidad de J.A.García, ya siendo el Río Luján propiamente dicho, había tramos en que el agua cedía su cauce al barro.
Apenas en las cercanías de Mercedes, antes del tajamar y de su Parque Municipal, había calado y caudal suficiente como para ser navegable. Aguas abajo de Mercedes, retornaba la escasez.
Fue entonces que propuse realizar los primeros kilómetros no como navegación, sino como caminata.
Existía la posibilidad de esperar un tiempo hasta que las lluvias hicieran subir el nivel de las aguas. Pero todos estábamos demasiado ansiosos como para esperar: En la reunión del 16 de Abril de 2004 habíamos decidido hacerlo corriente arriba desde el Río de La Plata hasta donde la profundidad del agua nos lo permitiera. Después se vería cómo seguir. Pero al menos empezamos la actividad.
Así, el Sábado 15 de Mayo de 2004 se empezó a poner en funcionamiento el cronograma: a las 06:00 estaba en la casa de AHT cargando el motor de 25 HP. Media hora más tarde arribábamos junto con ODR en un sincronismo ejemplar a la casa de JCP.
Daniel dio la mala noticia: compromisos de trabajo impedirían su participación en el esta Primera Etapa. Sin embargo, sí había implementado todo para llevarnos a NorDelta, preparar la lancha (Huala), notificando al personal de seguridad del lugar de nuestra misión.

Alrededor de las 07:20 arribamos NorDelta. La consecución de la lancha no estuvo tan sincronizada como habíamos planeado. Algunas demoras inevitables hicieron que en lugar de las 07:30, se botara la embarcación cerca de las 08:45.
En la fría mañana de Mayo, AHT, JCP y yo JAC emprendimos la Primera Etapa de la Expedición Río Luján 2004. Lamentamos que ODR quedara en el muelle despidiéndonos en vez de compartir la travesía.
Una vez amoldados hombres y embarcación, empezamos a apreciar: la diferencia de temperaturas entre el agua y el aire que generaban una delgada capa de bruma en la superficie del Río. Cuando los rayos de sol atravesaban la vegetación ribereña, el efecto Thyndall daba un toque de magia al Río que en ese momento estaba tranquilo y muy poco transitado.

Luego de una breve navegación por un canal de acceso, estábamos en el Río.
Nos recibió con sus aguas tranquilas, sin muchas más embarcaciones que la nuestra, ancho, invitándonos a recorrerlo. Con velocidades cercanas a los 30 km/h ascendimos la corriente.
Nuestra primera parada fue en el destacamento Dique Luján de la Prefectura Naval Argentina (PNA), con la intención de dar aviso de nuestra travesía. A diferencia de cuando hicimos la prospección en el 11 de Enero anterior, cuando fuimos atendidos con gran cordialidad y buena predisposición, el personal del destacamento se limitó a tomar nota de los integrantes de la travesía.
Con el Canal Arias a nuestra derecha, continuamos ascendiendo la corriente. Poco a poco las orillas iban aproximándose. Disminuía la cantidad de casuarinas, álamos o plátanos plantados en las orillas, a medida que disminuía la actividad humana: iban quedando atrás la zona “turística” del Río y, empezábamos a avizorar a los verdaderos pobladores de la región: Se olía en la mañana la leña quemándose en los hogares o en las cocinas económicas. Se veían los típicos botes largos, como piraguas, surcando las aguas con lentitud.
Isleros que se aprontaban a iniciar sus labores. “Chatas” que se aprontaban a recibir la carga de rollizos de álamo... Aguas más arriba volvían a verse construcciones de clubes de campo... Luego, la vegetación de mayor porte se fue raleando hasta desaparecer. De pie sobre la lancha, oteando por encima de las barrancas, se veía una llanura casi infinita, poblada de ganado vacuno o equino, interrumpida cada tanto por un monte de eucaliptos que marcaba, casi indudablemente la presencia de algún casco de estancia.
En la parte “estrecha” del Río, vimos un fenómeno llamativo: si bien navegábamos corriente arriba, mirábamos la vegetación de las orillas y ésta nos indicaba que ésta nos acompañaba, no se nos oponía. Sabíamos que no podía haber misterios inexplicables en esto, pero sí lograba desorientarnos.
En la parte de menor calado tuvimos que abrirnos camino a machete entre la vegetación que nos cerraba el paso, en dos oportunidades: Con las perspectivas que había aportado JCP de su última prospección, esperábamos encontrarnos con muchas más dificultades.
Una gran cantidad de aves habitaba en las orillas. En el curso mismo gallaretas, jacanas (o gallitos de agua), alguna cigüeña, pocas garzas brujas... Una bandada de tordos de ala amarilla, pero las aves más conspicuas de todo el curso de agua eran las garzas blancas. Su vuelo nos acompañaba por algunos centenares de metros, para volver a posarse en las orillas cenagosas. Diferente era la conducta de las pollas de agua, que “corrían” sobre el agua delante de la embarcación, en un intento de levantar vuelo, para luego sumergirse a poca profundidad, pero escapando de nuestra vista.
El Río comenzaba a ensancharse nuevamente y a tomar caudal. Las cartas nos decían que nos aproximábamos a un Canal. Un canal que conectaba directamente con el Río Paraná. Eso explicaba la corriente inversa del Río aguas abajo...

No tuvimos que navegar mucho más para llegar a la intersección de la Ruta Nacional N° 9 con el Río. Allí se encontraba un obstáculo serio: un “tajamar”. Un embalse del Río que generaba un desnivel de más de un metro, difícilmente superable. Se atracó la embarcación buscando ayuda para pasar la embarcación aguas arriba, ya que allí funciona un recreo y camping. La buena disposición del administrador del lugar no se hizo esperar y pusieron en marcha un tractor para poder remolcar la lancha y superar el obstáculo.
Sin embargo, evaluaba AHT, podía dañarse el casco si se la arrastraba. JAC sostenía que el obstáculo podía superarse sin sacar la embarcación del agua, pero con mucho más esfuerzo. El Jefe de Proyecto, JCP, prefirió dar por terminada la primera etapa, haciendo que la siguiente arranque desde allí, en embarcaciones de menor porte y con apoyo terrestre.

La Primera Etapa del Proyecto Río Luján había terminado.

Quedaba el regreso a la base: a NorDelta, donde llegamos caída ya la tarde con la esperanza de retornar pronto a las aguas...