Más adelante, a la altura de la localidad
de J.A.García, ya siendo el Río
Luján propiamente dicho, había tramos
en que el agua cedía su cauce al barro.
Apenas en las cercanías de Mercedes, antes
del tajamar y de su Parque Municipal, había
calado y caudal suficiente como para ser navegable.
Aguas abajo de Mercedes, retornaba la escasez.
Fue entonces que propuse realizar los primeros
kilómetros no como navegación, sino
como caminata.
Existía la posibilidad de esperar un tiempo
hasta que las lluvias hicieran subir el nivel
de las aguas. Pero todos estábamos demasiado
ansiosos como para esperar: En la reunión
del 16 de Abril de 2004 habíamos decidido
hacerlo corriente arriba desde el Río de
La Plata hasta donde la profundidad del agua nos
lo permitiera. Después se vería
cómo seguir. Pero al menos empezamos la
actividad.
Así, el Sábado 15 de Mayo de 2004
se empezó a poner en funcionamiento el
cronograma: a las 06:00 estaba en la casa de AHT
cargando el motor de 25 HP. Media hora más
tarde arribábamos junto con ODR en un sincronismo
ejemplar a la casa de JCP.
Daniel dio la mala noticia: compromisos de trabajo
impedirían su participación en el
esta Primera Etapa. Sin embargo, sí había
implementado todo para llevarnos a NorDelta, preparar
la lancha (Huala), notificando al personal de
seguridad del lugar de nuestra misión.
Alrededor de las 07:20 arribamos NorDelta. La
consecución de la lancha no estuvo tan
sincronizada como habíamos planeado. Algunas
demoras inevitables hicieron que en lugar de las
07:30, se botara la embarcación cerca de
las 08:45.
En la fría mañana de Mayo, AHT,
JCP y yo JAC emprendimos la Primera Etapa de la
Expedición Río Luján 2004.
Lamentamos que ODR quedara en el muelle despidiéndonos
en vez de compartir la travesía.
Una vez amoldados hombres y embarcación,
empezamos a apreciar: la diferencia de temperaturas
entre el agua y el aire que generaban una delgada
capa de bruma en la superficie del Río.
Cuando los rayos de sol atravesaban la vegetación
ribereña, el efecto Thyndall daba un toque
de magia al Río que en ese momento estaba
tranquilo y muy poco transitado.
Luego de una breve navegación por un canal
de acceso, estábamos en el Río.
Nos recibió con sus aguas tranquilas, sin
muchas más embarcaciones que la nuestra,
ancho, invitándonos a recorrerlo. Con velocidades
cercanas a los 30 km/h ascendimos la corriente.
Nuestra primera parada fue en el destacamento
Dique Luján de la Prefectura Naval Argentina
(PNA), con la intención de dar aviso de
nuestra travesía. A diferencia de cuando
hicimos la prospección en el 11 de Enero
anterior, cuando fuimos atendidos con gran cordialidad
y buena predisposición, el personal del
destacamento se limitó a tomar nota de
los integrantes de la travesía.
Con el Canal Arias a nuestra derecha, continuamos
ascendiendo la corriente. Poco a poco las orillas
iban aproximándose. Disminuía la
cantidad de casuarinas, álamos o plátanos
plantados en las orillas, a medida que disminuía
la actividad humana: iban quedando atrás
la zona “turística” del Río
y, empezábamos a avizorar a los verdaderos
pobladores de la región: Se olía
en la mañana la leña quemándose
en los hogares o en las cocinas económicas.
Se veían los típicos botes largos,
como piraguas, surcando las aguas con lentitud.
Isleros que se aprontaban a iniciar sus labores.
“Chatas” que se aprontaban a recibir
la carga de rollizos de álamo... Aguas
más arriba volvían a verse construcciones
de clubes de campo... Luego, la vegetación
de mayor porte se fue raleando hasta desaparecer.
De pie sobre la lancha, oteando por encima de
las barrancas, se veía una llanura casi
infinita, poblada de ganado vacuno o equino, interrumpida
cada tanto por un monte de eucaliptos que marcaba,
casi indudablemente la presencia de algún
casco de estancia.
En la parte “estrecha” del Río,
vimos un fenómeno llamativo: si bien navegábamos
corriente arriba, mirábamos la vegetación
de las orillas y ésta nos indicaba que
ésta nos acompañaba, no se nos oponía.
Sabíamos que no podía haber misterios
inexplicables en esto, pero sí lograba
desorientarnos.
En la parte de menor calado tuvimos que abrirnos
camino a machete entre la vegetación que
nos cerraba el paso, en dos oportunidades: Con
las perspectivas que había aportado JCP
de su última prospección, esperábamos
encontrarnos con muchas más dificultades.
Una gran cantidad de aves habitaba en las orillas.
En el curso mismo gallaretas, jacanas (o gallitos
de agua), alguna cigüeña, pocas garzas
brujas... Una bandada de tordos de ala amarilla,
pero las aves más conspicuas de todo el
curso de agua eran las garzas blancas. Su vuelo
nos acompañaba por algunos centenares de
metros, para volver a posarse en las orillas cenagosas.
Diferente era la conducta de las pollas de agua,
que “corrían” sobre el agua
delante de la embarcación, en un intento
de levantar vuelo, para luego sumergirse a poca
profundidad, pero escapando de nuestra vista.
El Río comenzaba a ensancharse nuevamente
y a tomar caudal. Las cartas nos decían
que nos aproximábamos a un Canal. Un canal
que conectaba directamente con el Río Paraná.
Eso explicaba la corriente inversa del Río
aguas abajo...
No tuvimos que navegar mucho más para
llegar a la intersección de la Ruta Nacional
N° 9 con el Río. Allí se encontraba
un obstáculo serio: un “tajamar”.
Un embalse del Río que generaba un desnivel
de más de un metro, difícilmente
superable. Se atracó la embarcación
buscando ayuda para pasar la embarcación
aguas arriba, ya que allí funciona un recreo
y camping. La buena disposición del administrador
del lugar no se hizo esperar y pusieron en marcha
un tractor para poder remolcar la lancha y superar
el obstáculo.
Sin embargo, evaluaba AHT, podía dañarse
el casco si se la arrastraba. JAC sostenía
que el obstáculo podía superarse
sin sacar la embarcación del agua, pero
con mucho más esfuerzo. El Jefe de Proyecto,
JCP, prefirió dar por terminada la primera
etapa, haciendo que la siguiente arranque desde
allí, en embarcaciones de menor porte y
con apoyo terrestre.
La Primera Etapa del Proyecto Río Luján
había terminado.
Quedaba el regreso a la base: a NorDelta, donde
llegamos caída ya la tarde con la esperanza
de retornar pronto a las aguas... |