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Experiencias de grupo
Segunda Etapa del Proyecto Río Luján |
 

 

 

 

 

 

Para la Segunda Etapa del Proyecto hubo que esperar hasta el 25 de Septiembre de 2004. Sabíamos que esta etapa necesitaría una embarcación de menor porte, por lo que se utilizaría el gomón Albatros de JCP. Con la invalorable ayuda de Néstor Ríos, que haría el apoyo por tierra, iniciamos bien temprano la jornada, de manera tal de estar a las 08:00 en el recreo de Ruta 9 y Río Luján.

El nivel del Río esta vez era mayor que cuando hicimos la primera etapa. El tajamar sobresalía apenas unos veinte centímetros del curso. Para ganar tiempo, el Albatros iba casi totalmente inflado en el techo de la UMT de Coordinación General. Así, al bajarlo, sólo hubo que inflarle la quilla.

La idea de esta etapa, que sería navegada por el Jefe de Proyecto y por mí, era llegar hasta la localidad de Luján. Lo que habíamos visto en la cartografía (tanto la de papel, como la digital) nos mostraba que no tendríamos mayores dificultades a pesar de todos los meandros que mostraba el curso. Una duda teníamos: en algunas partes de la cartografía digital, el Río se desdibujaba confundiéndose con el paisaje. Eso nos llevó a interpretar que se trataba de nubes que estaban presentes en el momento del relevamiento. Desconociendo cuál era la causa real de esa imprecisión, navegamos aguas arriba. Confíabamos en nuestra experiencia o más bien en el sabor a la aventura...


   
   

 

Pasamos por debajo del puente de Panamericana (Ruta Nacional 9) y pronto el Luján nos empezó a mostrar sus bellezas y contrastes.

La margen derecha, a nuestra izquierda, nos mostraba una barranca de alrededor de 2 m de altura. La otra orilla, con una suave pendiente mostraba algunos álamos, aunque la especie predominante era el acacio negro o vinal, una variedad que es plaga en nuestra llanura pampeana, ya que no sólo es un vegetal resistente, sino que sus semillas vienen en vainas que el ganado considera sabrosas, por lo que las dispersa haciendo que haya grandes comunidades de estos árboles, muchas veces ahogando bosques de álamos o casuarinas.

Antes de una hora de navegación, a las 08:48, encontramos nuestro primer obstáculo: un cúmulo de basura: botellas descartables, bolsas plásticas, junto con ramas y troncos además de las hojas caídas, que crearon una barrera frenando el paso de la embarcación. Por suerte, sobre la margen izquierda visualizábamos una pequeña salida. Con la maestría de JCP a bordo y yo dando ayuda desde tierra, arrastramos la embarcación por sobre algunos troncos y pudimos continuar la Segunda Etapa.

Delante de nosotros una pata nadaba con dos crías, por lo que detuvimos la marcha para contemplarlos. La hembra no podía saber que nuestras intenciones eran sólo observar por lo que realizó todo un despliegue, simulando estar herida, para que – si fuéramos depredadores – intentáramos cazarla a ella, permitiendo que las crías escapen. La táctica se completa cuando la hembra “siente” que el depredador está lo suficientemente cerca: sale volando dejando al cazador “con las ganas”.

A las 09:40 llegamos a un puente ferroviario que pudimos superar a pesar de la poca profundidad de las aguas.

Llamó nuestra atención la cantidad de tortugas de agua que encontrábamos asoleándose en las suaves pendientes. Casi todas, advertidas de nuestra llegada por el ruido del motor, se arrojaban al agua, no dándonos tiempo ni a fotografiarlas ni a filmarlas.

Hicimos una parada para rehidratarnos, con la casi ceremonial infusión de mate. Para eso buscando una playa que nos permitiera encayar. Cuando bajé a tierra para amarrar la embarcación, me hundí en el barro casi hasta las rodillas, de manera que tratar de salir implicaba enterrarme un poco más.

Alejarme de la orilla me permitió encontrar terreno más firme. Entonces sí, buscando una barranca unos metros más adelante, pudimos amarrar la embarcación y tomar tierra ambos.

Retomamos la marcha hasta que – cerca de las 11:00 – nos topamos con un obstáculo insalvable: Al igual que el que habíamos encontrado un par de horas antes, pero enorme: un par de troncos de álamos, además de ramas, hojas y gran cantidad de basura. Pasar era imposible. No quedaban pasos practicables para la embarcación. Mientras JCP evaluaba la situación, me adelanté a explorar: teníamos alrededor de 150 m de basural infranqueable. Consideramos la posibilidad de desarmar el bote y – en varios viajes – pasar el obstáculo. Sin embargo, el Jefe de Proyecto, al sospechar que aguas arriba podríamos encontrar algo similar, prefirió dar por terminada la Etapa. No sólo por el esfuerzo que implicaba para sólo dos personas, sino porque, de no poder llegar hasta un punto donde pudiésemos obtener apoyo de tierra, tendríamos que desandar todo el camino y – lógicamente – desarmar y rearmar el Albatros nuevamente.

Un llamado telefónico a Néstor Ríos, nuestro apoyo de tierra, lo informó del cambio de planes y regresó al punto de partida para re-encontrarnos.

Así como en el Salado el obstáculo lo constituyó la Naturaleza, en el Luján, el obstáculo era producto de nosotros mismos, de los hombres y de la polución. A medida que nos acercamos a las nacientes, veíamos cómo crecía la contaminación con el vertido de aguas sin tratar, con la acumulación de basura... Los medioambientes tienen una cierta capacidad de auto-limpieza, pero parecía que el Río Luján estaba muy cerca de ese límite.

O tal vez ya lo hubiera sobrepasado...

El Proyecto entró en un compás de espera. Nadie quería enunciarlo, pero nos preocupaba nuestra seguridad personal ya que los lugares que atravesaríamos no eran lo más seguro. Y sumado a ésto, la contaminación...

En Febrero de 2005, más de 4 meses después de la última Etapa, llegó una noticia: Daniel Riccardi conocía a alguien con un helicóptero. La Tercer Etapa tal vez se pueda así concretar...