Pasamos por debajo del puente de Panamericana
(Ruta Nacional 9) y pronto el Luján nos
empezó a mostrar sus bellezas y contrastes.
La margen derecha, a nuestra izquierda, nos mostraba
una barranca de alrededor de 2 m de altura. La
otra orilla, con una suave pendiente mostraba
algunos álamos, aunque la especie predominante
era el acacio negro o vinal, una variedad que
es plaga en nuestra llanura pampeana, ya que no
sólo es un vegetal resistente, sino que
sus semillas vienen en vainas que el ganado considera
sabrosas, por lo que las dispersa haciendo que
haya grandes comunidades de estos árboles,
muchas veces ahogando bosques de álamos
o casuarinas.
Antes de una hora de navegación, a las
08:48, encontramos nuestro primer obstáculo:
un cúmulo de basura: botellas descartables,
bolsas plásticas, junto con ramas y troncos
además de las hojas caídas, que
crearon una barrera frenando el paso de la embarcación.
Por suerte, sobre la margen izquierda visualizábamos
una pequeña salida. Con la maestría
de JCP a bordo y yo dando ayuda desde tierra,
arrastramos la embarcación por sobre algunos
troncos y pudimos continuar la Segunda Etapa.
Delante de nosotros una pata nadaba con dos crías,
por lo que detuvimos la marcha para contemplarlos.
La hembra no podía saber que nuestras intenciones
eran sólo observar por lo que realizó
todo un despliegue, simulando estar herida, para
que – si fuéramos depredadores –
intentáramos cazarla a ella, permitiendo
que las crías escapen. La táctica
se completa cuando la hembra “siente”
que el depredador está lo suficientemente
cerca: sale volando dejando al cazador “con
las ganas”.
A las 09:40 llegamos a un puente ferroviario
que pudimos superar a pesar de la poca profundidad
de las aguas.
Llamó nuestra atención la cantidad
de tortugas de agua que encontrábamos asoleándose
en las suaves pendientes. Casi todas, advertidas
de nuestra llegada por el ruido del motor, se
arrojaban al agua, no dándonos tiempo ni
a fotografiarlas ni a filmarlas.
Hicimos una parada para rehidratarnos, con la
casi ceremonial infusión de mate. Para
eso buscando una playa que nos permitiera encayar.
Cuando bajé a tierra para amarrar la embarcación,
me hundí en el barro casi hasta las rodillas,
de manera que tratar de salir implicaba enterrarme
un poco más.
Alejarme de la orilla me permitió encontrar
terreno más firme. Entonces sí,
buscando una barranca unos metros más adelante,
pudimos amarrar la embarcación y tomar
tierra ambos.
Retomamos la marcha hasta que – cerca de
las 11:00 – nos topamos con un obstáculo
insalvable: Al igual que el que habíamos
encontrado un par de horas antes, pero enorme:
un par de troncos de álamos, además
de ramas, hojas y gran cantidad de basura. Pasar
era imposible. No quedaban pasos practicables
para la embarcación. Mientras JCP evaluaba
la situación, me adelanté a explorar:
teníamos alrededor de 150 m de basural
infranqueable. Consideramos la posibilidad de
desarmar el bote y – en varios viajes –
pasar el obstáculo. Sin embargo, el Jefe
de Proyecto, al sospechar que aguas arriba podríamos
encontrar algo similar, prefirió dar por
terminada la Etapa. No sólo por el esfuerzo
que implicaba para sólo dos personas, sino
porque, de no poder llegar hasta un punto donde
pudiésemos obtener apoyo de tierra, tendríamos
que desandar todo el camino y – lógicamente
– desarmar y rearmar el Albatros nuevamente.
Un llamado telefónico a Néstor
Ríos, nuestro apoyo de tierra, lo informó
del cambio de planes y regresó al punto
de partida para re-encontrarnos.
Así como en el Salado el obstáculo
lo constituyó la Naturaleza, en el Luján,
el obstáculo era producto de nosotros mismos,
de los hombres y de la polución. A medida
que nos acercamos a las nacientes, veíamos
cómo crecía la contaminación
con el vertido de aguas sin tratar, con la acumulación
de basura... Los medioambientes tienen una cierta
capacidad de auto-limpieza, pero parecía
que el Río Luján estaba muy cerca
de ese límite.
O tal vez ya lo hubiera sobrepasado...
El Proyecto entró en un compás
de espera. Nadie quería enunciarlo, pero
nos preocupaba nuestra seguridad personal ya que
los lugares que atravesaríamos no eran
lo más seguro. Y sumado a ésto,
la contaminación...
En Febrero de 2005, más de 4 meses después
de la última Etapa, llegó una noticia:
Daniel Riccardi conocía a alguien con un
helicóptero. La Tercer Etapa tal vez se
pueda así concretar...
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