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Expedición Punta lara
Expedición punta lara 13/07/97
   
13.07.1997  
SEl día 13.07.97, Jorge Cerasale (Coordinación General) y Damián Sebastián (Grupo Expedicionario) visitaron la picada al sur de la Reserva Natural Punta Lara (RNPL). La primer incursión - en el mes de Febrero - fue un absoluto fracaso a consecuencia de la gran cantidad de mosquitos (casi en todas sus formas y variedades). Esta vez, los insectos no impidieron la tarea de reconocimiento del grupo, aunque sí lo hizo la abundante vegetación.
    La primera incursión fue hacia el Oeste siguiendo la trayectoria de la picada. Uno de los primeros obstáculos fueron los terrenos anegadizos que - despejados de enredaderas y troncos - estaban cubiertos de agua ± 15 cm oculta ésta por bromeliaceas (¿?) de unos 50 cm de altura. En los bordes de los bañados se localizaban juncales de escasa altura y superficie. Un par de árboles altos tapizados de enredaderas se erguían en el claro. Presumiblemente se trataba de fresnos o álamos. Uno de los bordes del bañado - quizás a modo de canal regulador - era un pequeño curso de agua de no más de ± 2m de ancho por 0,7 m de profundidad. Si bien el caudal era lento, pudimos deducir que suele desmadrarse arrastrando vegetación y - eventualmente - aflojando las raíces de los árboles que, luego de caídos, siguen vivos. Eso permite encontrar troncos de curiosas formas.
El avance se veía dificultado no sólo por dichos troncos caídos - algunos lo suficientemente podridos como para quebrarse al apoyarse en ellos -. El principal obstáculo consistía en una rosácea silvestre, de tipo enredadera que se engancha pertinazmente en las ropas del visitante, traspasa la gruesa tela de los pantalones vaqueros, levanta puntos en los chalecos reglamentarios y solo se detiene ante los guantes de descarne más gruesos. De más está decir que al enredarse en ellas, la peor manera de salir es tirando.
Al igual que en Martín García (PDA 1993), hallamos gran cantidad de Higuerones (Ficus Enormis) asociados a la flora local. Sin embargo, lo más notable fue la gran cantidad de líquenes, musgos y hongos. Una adaptación que nos pareció sorprendente y de la que ningún integrante de la expedición tenía noticias, fue de un ortóptero de ± 9 cm (que no fue recolectado) con una coloración gris moteada para confundirse mejor contra un fondo de líquenes. Tanto mejor funcionaba esa adaptación
   

cuando la posición del insecto no era la habitual de la familia (con el par de patas posteriores recogidos, preparados para el salto), sino que extendía totalmente sus extremidades - inclusive sus antenas - haciendo que fuera de muy difícil localización. De hecho, el ejemplar pudo detectarse cuando se posó sobre la campera azul marino que llevaba Sebastián sobre el chaleco reglamentario.

    Luego de comprobar en varias oportunidades la inoperatividad del Navegador Satelital, intentamos regresar a la UMT moderadamente satisfechos.

   


    Adyacente a las construcciones, una vereda paralela al río se adentraba en la selva y la seguimos. Es aquí donde pudimos apreciar mejor la fitodiversidad de la RNPL. Hongos de hasta 10 cm de diámetro, de un color dorado, de textura y aspecto similar a los orejones, estaban adheridos a gran variedad de árboles. Ya en la espesura, seguimos un curso de agua de muy poco caudal hasta su convergencia con otro mayor (± 3 m de ancho por ± 0,9 m de profundidad). Sorprendió la ausencia de signos de Vida en el curso de agua. No se encontraron renacuajos, huevas de batracios ni siquiera larvas de mosquitos. La sospechosa transparencia de sus aguas y el color ambarino de las mismas nos indujo a sospechar que se trate de aguas contaminadas que no permitan el desarrollo de microfauna ni flora subacuática.

    El día 9 de Julio de 1998 el equipo de PDA retomó el proyecto Punta Lara que contaba en su haber con dos etapas anteriores (Febrero y Agosto de 1997). Sin la participación de Myriam Saitman, el equipo estuvo conformado por Damián Sebastián (Grupo Expedicionario) y Jorge Cerasale (Coordinación General). Al igual que en las dos visitas anteriores, El GPS no fue de ninguna utilidad ya que el follaje parece ser un excelente aislante de las frecuencias de onda de los satélites de posicionamiento. Con tal motivo y
    por lo enmarañado de la vegetación, el equipo puede hacer poco más que circular por donde la fronda lo permita. La falta de puntos más o menos claros de referencia hacen difícil el regreso ya que sólo se tiene una vaga idea del rumbo a tomar, pero – insistimos- es la vegetación quien decide.
    En esta ocasión se hizo hincapié en la flora saprófita y parásita de la zona. Grandes cantidades de hongos de delicadas formas decoraban los grandes troncos caídos. Algunos líquenes y parásitas como el higuerón (Ficus Enormis) ponían a prueba los conocimientos de botánica de Sebastián.
   

Las variedades de hongos predominantes cambian según la época del año. En esta ocasión, algunos se abrían como páginas de un libro, de un blanco inmaculado, posiblemente muy brillante en el rango del ultravioleta, adheridos a la enorme cantidad de troncos caídos, en proceso continuo de putrefacción. Otros, no mucho más altos que un alfiler, erguidos con su blanco talo y coronado con una pequeña esfera de no más de medio centímetro de diámetro, ocultando aún las hifas. Algunos hongos del tipo "terraza" – que en otro ámbito hubieran llamado la atención – pasaban casi inadvertidos. Si se notó la ausencia de los típicos hongos en sombrilla.
Lo más llamativo fue la ausencia de insectos en el área recorrida.

    La mañana del 12.09.98 encontró nuevamente a Cerasale y a Sebastián dispuestos a ahondar en la superlativa complejidad del ecosistema. Por la época del año, presuponíamos una mayor abundancia de artrópodos. Pero, nuevamente, fuimos defraudados. En cambio, sí descubrimos que se puede hablar de hongos de invierno y de verano. Toda una curiosidad. De hecho, esta vez, además de sorprender a líquenes, musgos y helechos preparándose para soltar las esporas, otras variedades de hongos fueron las que se mostraron. Esta vez, unos con aspecto de orejones, del mismo color dorado, pero delgado y translúcido se disponía en los troncos en descomposición, siempre horizontales y con su concavidad hacia el suelo, por lo que formaba una suerte de refugio. Alguna propiedad específica del vegetal hacía que dicho refugio no sea utilizado por alguno de los innumerables artrópodos de la zona.
Siguiendo la guía de Sebastián, se adentraron cruzando los pequeños zanjones y buscando sendas entre la vegetación. Un arroyo se manifiesta predominante en el terreno explorado. Por lo tanto se decidió continuar paralelo al mismo, siempre y cuando la vegetación lo permitiera.


   
De acuerdoa los cálculos de Sebastián, seguir dicho curso llevaría a los limites mismos de la Reserva. Nada más acertado. Por los claros paralelos al arroyo (ya que no puede hablarse de senderos o de huellas) afirmado en uno de los tantos troncos caídos un hongo se extendía como una lengua por más de 15 cm, con un ancho de ± 5 cm. Todo el hongo guardaba un aspecto leñoso excepto la cara inferior de los últimos 4 cm que si conservaban la carnosidad típica de esos vegetales. Fue el único ejemplar que se avistó en todas las visitas realizadas hasta ese momento.

    Lo que podría interpretarse como un clima opresivo o lúgubre por el neófito, para los exploradores era un sistema subyugante en su perfección. Un lugar que no hace más que confirmar lo que Cerasale y Sebastián descubrieron hace tiempo: La Vida es persistente y mantiene su propio equilibrio, más allá de lo que nos parezca correcto a los humanos. Una perfección tan avasallante merece el más profundo de los respetos.

   


 
   

Luego de casi una hora de caminata, se arribó a un sendero de tablas, con bordes alambrados de alrededor de 1 m de altura. Estaban en la Reserva. Recorrieron íntegramente el sendero incluyendo una breve visita al Centro de Interpretación. Realmente, ambos Expedicionarios se sintieron congratulados de haber conocido la Reserva penetrando en la espesura, ya que - de haber tenido acceso en la primera incursión - sólo se hubieran quedado con esa vista a vuelo de pájaro que impedía apreciar mayores detalles.

Luego de completar el circuito, retomaron el sendero paralelo al arroyo rumbo a la UMT. La pérdida de un ocular de la cámara de video de Cerasale, hizo que tuvieran que retroceder algunos metros. Eso le dio oportunidad al Guardaparque Daniel Novoa de la Reserva para interceptarlos. De modo muy autoritario increpó a los miembros de PDA. Imaginaron que su actitud y desconfianza provenía de la abundancia de mariscadores, cazadores furtivos que penetran en la reserva a saquearla de sus Coipos, Lagartos, etc.

Daniel Novoa escoltó a los exploradores hasta la UMT para tomar los datos de los mismos. En el camino (que por lo intrincado de la vegetación el guardaparques erró dos veces) surgió las arduas condiciones de trabajo de Novoa y las intenciones documentalistas de PDA. La tensión inicial fue desapareciendo reemplazándose por una agradable cordialidad.

De hecho, nos suministró los datos de la Directora de Conservación de los Recursos Naturales: la Lic. Isabel Barrios con quien podrían contactarse para futuras visitas. Como dato adicional, la Licenciada es bióloga especializada en entomología (que es uno de los principales temas de este proyecto). Motivos personales diversos hicieron que los integrantes del proyecto tuvieran que derivar su atención hacia otros temas por lo que Punta Lara 97 entró en un compás de espera.