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| 18.10.2002 |
15:46 |
Se establece contacto telefónico
con Juan Mendy y quedamos en pasar por su casa para
conocer las minas de arena de la Ciudad de Tandil.
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16:33 |
Nos conocemos Juan Mendy (JM) y
Claudio Plachesi (CP) con Jorge (JC) y Norberto
Cerasale (NC). Mendy nos informa que a último
momento no se obtuvo el permiso para visitar las
minas de arcilla del paraje Las Numancias, por lo
que el cronograma se acortaba (al menos en lo que
a kilómetros se refería): El problema
no reside en el ingreso en sí a las minas,
sino a una cuestión meramente formal, ya
que el dueño de los campos necesita un documento
firmado por todos los integrantes del grupo, diciendo
que desistimos de todo reclamo por accidentes o
daños que pudiéramos sufrir mientras
estemos en su predio. Sin embargo, los textos sugeridos
no lo satisficieron y esperaba un texto redactado
por su propio abogado.
Así las cosas, partimos hacia las minas de
arena que están frente al hipódromo
de la ciudad de Tandil. Dicho hipódromo,
el más antiguo del País, data de fines
del siglo pasado y por lo visto, desde entonces
se explotaba el yacimiento de arena colindantes.
De acuerdo a un bareador del hipódromo (que
habita allí desde 1952) los laboreos duraron
hasta 1964, aproximadamente, aunque en estos últimos
tiempos la extracción ha estado a cargo de
particulares que lo utilizan para sus propias viviendas.
Ya no responde a una explotación comercial
del yacimiento.
Según se deduce la mayor parte de las casas
antiguas del Tandil fueron construidas utilizando
la arena extraída del yacimiento.
En función de la topografía del lugar,
CP y JC deducen que en tiempos geológicos
antiguos se trataba de un sumidero o de –
por lo menos – el antiguo banco de un río,
por lo que en el subsuelo quedó entreverado
con la tosca o con la roca basal capas de arena
gruesa.
Los túneles del yacimiento en sí son
galerías erráticas que se caracterizan
por seguir la “veta” del material. Por
lo tanto, en una extensión de 2 a 5 km de
largo por unos 500 m de ancho, se ven dolinas por
desmoronamiento del techo de algunos túneles
o bien las entradas propiamente dichas. Muchas de
ellas, se encuentran tapadas con basura, troncos
de árboles, huesos de animales... Algunas
están semi obstruidas. Sin embargo, el equipo
pudo bajar en dos de ellas. La primera constituyó
el mayor desafío a la claustrofobia de JC,
ya que si bien la boca de descenso era un tiro de
unos 3 m de profundidad y unos 1,5 m de diámetro,
el acceso al túnel estaba bloqueado por escombros,
pudiéndose ingresar sólo a la rastra.
En el primer descenso se recorrieron unos 50 m de
túneles, tal vez un poco más, sin
dirección ni dimensiones definidas, ya que
– como dijimos – se adaptaba a la presencia
del material extraíble.
En algunos sectores de los túneles se pudieron
apreciar los fenómenos que contribuyeron
a cerrar muchas de las bocas: Por una parte los
vecinos de la zona que – tal vez por prevenir
la caída de gente en las bocas, tal vez por
falta de costumbres higiénicas – tiran
basura o, en el mejor de los casos, tierra y troncos
o raíces de árboles.
En otros casos, el debilitamiento del suelo por
la falta del sustrato arenoso, más la actividad
humana desarrollada en la zona, ocasionó
el colapso de los túneles o de sus bocas.
El segundo descenso se hizo a través de una
gran boca de más de 3 m de ancho, accediendo
a no más de 15 m de túneles de mucha
mayor envergadura, permitiendo en la mayoría
de los casos que los espeleólogos permanezcan
de pie.
Siendo esta cavidad de más fácil acceso,
tanto espeleólogos como público en
general, hacen uso de la cavidad con criterios diversos.
A diferencia de la primer cadena de túneles
donde sólo se observaron en paredes y techos
las marcas de los picos y muy pocas señales
de tizne en el techo, en esta segunda buena parte
de las paredes y techo están totalmente tiznados,
siendo insoslayable el olor a humo que
se percibe en los primeros metros. Donde la luz
natural no llega, los signos del
mal uso de la cavidad se atenúan.
CP descendió luego a una tercera boca para
definir su practicabilidad, cosa que se comprobará
en una futura visita de los Espeleosocorristas locales. |
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18:30 |
De regreso en la casa de JM, JC
y NC recibieron dos tentaciones irresistibles: Mate
y los videos propios de las primeras exploraciones
de JM y CP, junto con otros integrantes del grupo.
Asimismo, JC pudo mostrar las imágenes registradas
en las visitas realizadas desde 1994 a la fecha,
a través de su notebook.
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21:30 |
El cansancio se hacía evidente
y la perspectiva de una próxima jornada menos
exigente que lo planeado invitaba al descanso, por
lo que los porteños declinaron la amable
invitación a cenar de JM, retirándose
a comprar los víveres necesarios para el
almuerzo del siguiente día, y luego de una
rápida cena, a dormir. |
| 19.10.2002 |
07:00 |
Luego de una noche de descanso más
que necesario, se iniciaba el segundo día,
con la expectativa de visitar las ya conocidas Gruta
de Oro y Cueva Oscura y – ya que no habría
visita a las minas de arcilla – sí
podríamos hacer algunas prácticas
de escalada y rapell. |
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08:49 |
Luego de desayunar y reaprovisionar
a la UMT con combustible, nos encontramos en la
casa de JM y – junto con CP – partimos
rumbo a la Eª El Sombrerito. El pronóstico
meteorológico anunciaba lluvias pero el cielo
brillaba en todo su esplendor, y las nubes no parecían
importantes ni peligrosas. |
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09:40 |
En la Eª El Sombrerito contactamos
a Don Raúl Rodríguez quien nos comentó
que no había sido avisado de nuestra visita,
pero – como conoció a JC, que había
visitado ya cuatro veces la Estancia – confió
en nuestros comentarios. Una charla con don Raúl
nos puso al tanto de la situación en la zona,
donde el cuatrerismo se está haciendo más
frecuente: de un caso cada dos años a –
como le pasó hace muy poco tiempo –
cinco vacas de tres años en una noche, carneadas
in situ. Más robos en lugares tranquilos
como Barker o Villa Cacique. Hechos que permiten
deducir la existencia de un “entregador”.
Respecto de nuestras intenciones de ascender al
C° Gruta de Oro, nos aconsejó por dónde
hacerlo ya que las lluvias caídas habían
hecho intransitables algunos caminos.
Por lo tanto, hubo que ir por el interior de los
cuadros y sortear algunos tramos de barro que hicieron
más interesante el desafío.
Cruzando tres tranqueras, dos molinos y un cortaviento,
al llegar al último cortaviento tuvimos el
acceso más cercano a la ladera del cerro.
Se subió sin mayores dificultades a las laderas
y luego, rememorando las primeras visitas de JC
a la gruta, utilizamos su punto de escalada de las
bardas.
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10:21 |
La Gruta de Oro tenía menos
agua que en otras oportunidades y la película
dorada que la caracteriza no era tan evidente como
otras veces.
Se recorrió la Gruta, accediendo, también
a la sobrecueva.
Como fauna asociada a las inmediaciones de la Gruta,
pudimos observar ratuchas o ratonas que aprovechaban
para nidificar entre los intersticios de las distintas
capas.
También disfrutamos de la presencia de varias
golondrinas.
Por su parte, dentro de la gruta, sólo vimos
un murciélago que – molesto por nuestra
presencia - revoloteó algunas veces hasta
que abandonamos la sobrecueva.
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12:03 |
Comenzaron los preparativos para
el Almuerzo y las historias y anécdotas.
Mientras estudiábamos el terreno y empezábamos
a planificar un modesto rapell para aprovechar el
lugar. JM encontró justo encima de la Gruta
de Oro una pequeña abertura en una roca que
permitía asegurar las sogas express y anclar
ahí todo el sistema. Con la parte de técnicas
verticales en sus manos y en las de CP, JC se dedicó
a obtener algunas imágenes que sirvieran
para cubrir el pedido de Don Alberto Santamarina.
Se hicieron algunas bajadas mientras lo permitió
el clima (recordemos: frío y con un viento
de unos 60 km/h). Luego, la lluvia nos invitó
a hacer un rápido desarme de los anclajes
y a descansar bajo cubierto en la boca de la Gruta.
Afloraron las anécdotas y las historias apócrifas.
Más allá de las posturas de cada uno
ante esas historias de difícil comprobación,
todos coincidíamos en que nos gustaría
tener una subvención de la National Geographic
Society aún para desarrollar un proyecto
que no nos convenciera del todo.
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14:30 |
Al amainar la lluvia emprendimos
el cruce del Cerro para llegar a Cueva Oscura. Las
gotas de lluvia golpeaban como pequeñas piedras,
aceleradas por ráfagas de viento de frente
que desde el Cañadón de la Tinta cruzaban
todo el Cerro. El que estaba en peor situación
era CP ya que el abrigo que había previsto
era para el torso, pero no para las piernas: sus
bermudas le hicieron pasar un rato incómodo. |
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15:10 |
El arribo a Cueva Oscura significó
un descanso del viento y de las gotas de lluvia
golpeando. Sin dificultad CP encontró la
boca principal e ingresamos casi inmediatamente.
JC preparó su iluminador para que le de más
potencia, teniendo en cuenta el tamaño de
la sala principal. Asimismo, CP se hizo cargo de
la cámara lo que permitió desdoblar
funciones.
Lamentablemente, el mayor poder lumínico
también implicó mayor calor, por lo
que el interruptor se derritió dejando el
equipo inutilizable.
Aún así, las luces de los cascos y
las linternas permitieron una exploración
aceptable de la cavidad.
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16:40 |
Al salir de la Cueva tuvimos dos
buenas noticias: Ya no llovía. Y ahora –
al regresar – el viento lo tendríamos
de espaldas. No hubo dificultades en cruzar el Cerro,
pero sí, como siempre, en ubicar la mejor
zona para descender. Uno de los desniveles, difícil
de salvar, implicaba descender con la ayuda de una
soga, pero sin la posibilidad de recuperarla. JC
tuvo la brillante idea: “pasemos la soga doble
detrás de un clasto y luego, cuando el último
baja, solamente tiramos de un extremo y recuperamos
la soga”. Todo funcionó tal como lo
sugirió JC, excepto la última etapa
(es decir la recuperación). Eso obligó
a CP a subir a desenganchar la soga y luego descender
él sin ella. |
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17:10 |
Una vez arriba de la rural, quedaba
por superar la parte de “off road”.
Los barriales cercanos a las tranqueras, con huellones
hechos por camionetas y tractores debían
ser superados por un auto de calle. Recordemos que
– desde la mañana – había
caído más agua en el terreno y los
charcos eran más grandes. Cantidades iguales
de barro y pericia técnica lograron poner
al equipo nuevamente en el casco de la Estancia
para poder agradecer a Don Raúl Rodríguez
y despedirnos hasta otra oportunidad. |
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18:30 |
En la Ciudad de Tandil, luego de
dejar a JM y CP, volvimos a nuestro alojamiento
para prepararnos para la cena: Habíamos prometido
un picada en Época de Quesos. |
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20:30 |
En una picada donde no faltaron
las historias de misterio a cargo de JM, ni la mirada
escéptica, pero no menos curiosa de JC, el
personal de Época de Quesos toleró
nuestra presencia una hora y cuarto después
de su hora habitual de cierre. |
| 20.10.2002 |
06:00 |
Durante la noche la lluvia arreció
en Tandil haciéndonos saber que – más
allá de las planificaciones, más allá
de los manejos técnicos, más allá
de la determinación de cada uno, de las autorizaciones
de los dueños de las tierras – pudimos
visitar las cavidades solamente porque la Naturaleza
nos lo permitió. |
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