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En 1992 se conocen Damián
Pablo Sebastián y Jorge Cerasale. Inmediatamente
surgió una afinidad entre ellos que hacía que
cualquier persona quedara casi excluida: un verdadero
problema (para los demás).
Tenían un lenguaje común:
Las Ciencias Naturales. Sebastián desde la entomología
y la botánica, Cerasale desde la ornitología y la
mastozoología, emprendieron el camino. El entusiasmo,
como suele suceder, fue mayor que los medios
disponibles.
Así, la primer
Expedición planificada (la navegación del sistema de
lagunas Chascomús) quedó solamente en proyecto.
Estaba la cartografía, los relevamientos, todo...
pero no pudo ser.
Por lo menos, sí, se
había creado oficialmente "Producciones
Documentales Argentinas".
En 1993 se generó el
Proyecto Martín García.
Durante cuatro días se
dedicaron a recorrer la Isla confrontando los datos
relevados durante la investigación previa con lo que
encontraban en el terreno.
Martín García era un
mundo en sí mismo. Fue una experiencia que pensaron
que sería difícil de superar.
Sin embargo, un año
después estaban en Tandil. Cerasale había leído
sobre una "segunda piedra movediza" mucho
menos espectacular que la caída en 1912. Estableció
los contactos con un guía local: Gabriel Barletta.
Tal como se mencionaba en el artículo que había leído
Cerasale, era mucho, muchísimo menos espectacular. La
piedra, en equilibrio inestable, tenía una masa muy
grande y sin embargo una persona podía hacerla
bascular. Pero lo interesante no fue eso, sinó que
durante la salida se mencionó algo sobre dos cuevas
en la zona: Gruta de Oro y Cueva Oscura...
La cosa era demasiado
sugerente como para que pasara desapercibida. De hecho,
eso inció los contactos con el Grupo Espeleológico
Argentino. Ellos facilitaron los datos y contactos
necesarios. En Junio de 1994 tenían los permisos y la
información necesaria para visitar esas cavidades. Fue un
verdadero ejercicio de interpretación de cartografía
para ellos.
La visión de las aguas
color dorado intenso de la Gruta de Oro es algo que quedará
grabado perennemente en ellos.
No pasó mucho tiempo: en
1998 volvieron Sebastián y Cerasale en busca de otras
cavidades cercanas a Benito Juárez. Minas de arcilla
refractaria, cuevas refugios de cuatreros y dos
cavidades más: Cueva de las Águilas (en el Cerro homónimo)
y Cueva del Gato. Esta vez la guía estuvo a cargo de
Oscar Méndez.
Gracias a esa visita,
fueron ellos los guías en una expedición conjunta
con el Grupo Espeleológico Argentino. Allí el GEA
pudo relevar y catastrar esas cavidades. Damián
Sebastián descubrió la Gruta Plateada de los
Helechos. En esa salida a campo, Producciones
Documentales Argentinas ya contaba con un nuevo
miembro: Alejandro Tychojkij. Él se había unido al
grupo el año anterior: en 1997, cuando se inició el
Proyecto Río Salado.
La idea original del
Proyecto Río Salado era
navegar el curso de ese río bonaerense entre su
intersección con la Ruta Nacional 3 y la
desembocadura en la Bahía de Samborombón. El
recorrido se haría en varias etapas, dividiéndose
entre el Grupo de Navegación y Grupo de Tierra. El
estudio de la cartografía - aunque desactualizada -
permitió encontrar puntos de encuentro donde ambos
equipos pudieran encontrarse e intercambiar
tripulaciones: Paula Pedemonte, esposa de Sebastián
era una entusiasta participante.
Fue con ella que en la
segunda etapa, con un Río Salado excepcionalmente
bajo, que Cerasale descubrió unos huesos aflorando en
la barranca de la margen izquierda. A bordo del Coipo,
el bote que utilizaron durante las primeras etapas,
embarrados hasta los codos, trataban de arrancar los
huesos del barro con más empecinamiento que metodología
arqueológica. El espacio en el bote quedó muy
reducido, pero estaban felices.
Tiempo después, sobre
esos huesos, José
Bonaparte, del Departamento de Paleontología del
Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino
Rivadavia, nos confirmaba: "Caballo. Como mucho
doscientos años de antigüedad". Ante la mirada
de desazón de los expedicionarios, prometió
revisarlos con más detenimiento, sólo para confirmar
su clasificación.
Más adelante se
incorporó al equipamiento la "Inestable"
una canoa que Sebastián restaruró para poder
utilizarla durante la Expedición.
La velocidad de
navegación mejoró y pudieron planificarse etapas más largas.
Sin embargo, en la Séptima
Etapa, que debía ser la última, el tramo a recorrer
era de unos 120 km. Se haría en dos días. Para eso
contarían con dos canoas y el Coipo que iría a
remolque de la Inestable llevando los equipos de
acampada, mudas de ropa, etc.
Si bien el Río nunca
había aceptado de buen grado a los Expedicionarios,
esta vez había sido muy claro: fuertes vientos
contrarios, lluvia... Difícilmente superaron los 40
km ese primer día y estaban los cuatro extenuados.
Se trató de coordinar
un rescate pero el estado de los caminos hizo
imposible que el vehículo de apoyo llegara al sitio.
A medianoche, sobre una
Estanciera desvencijada, parando cada tanto a juntar
agua de los charcos para echarle al radiador, los
cuatro expedicionarios y sus equipos pudieron arribar al punto de
encuentro.
Cerasale consideraba
que había sido derrotado por el Río.
Damián nunca dio por
terminado el Proyecto.
Esta vez con la
Jefatura de Proyecto de Alejandro Tychojkij el
siguiente Proyecto fue Salta 2000. En cuatro días se
recorrieron los Valles Calchaquíes, la nuboselva...
Cerasale, Sebastián y Tychojkij llegaron desde
el Pucará de Tilcara en Jujuy hasta las Ruinas de los
Quilmes en Tucumán. Fue el Proyecto que más esfuerzo
demandó.
Pero también fue el último.
A fines de 2000, Damián
Sebastián viajó rumbo a Estados Unidos de Norteamérica
en busca de mejores perspectivas laborales.
Inevitablemente, el
grupo se desmembró. Hubo algunos intentos de reflotar
PDA, pero, o no era la gente adecuada, o no había
llegado el momento.
Desde 2000, Cerasale
conocía a Paré.
Ambos con inquietudes,
nunca se habían atrevido a proponerse encarar un
proyecto juntos.
En 2003, durante una
visita a San Pedro y a su Museo Paleontológico, la
cosa empezó a tomar más cuerpo. El momento había
llegado: Paré había tomado como propia la cuenta
pendiente con el Río Salado.
En Diciembre de 2003
con la participación del cuarto Argonauta, Daniel
Riccardi, se encaró la navegación del último tramo
del Río Salado.
Habían nacido los
Argonautas del Plata.
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