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Expedición San Pedro (01.06.2003)
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Objetivo
Visita a Cueva del Toro y práctica de descenso en rapell en las barrancas de Vuelta de Obligado. Visita al Museo Paleontológico de la localidad de San Pedro y yacimientos de fósiles el Plesitoceno.

Participantes
Jorge A. Cerasale (JAC), Juan Carlos Paré (JCP), Norberto A. Cerasale (NAC)

Cuaderno de Bitácora

06:50 Salida de Sede Central
   
07:04 1er. Escala: (NAC)
   
07:30 Sin complicaciones hasta llegar a la casa de JCP, el escaso tiempo empleado, nos permitió aprovisionar de combustible la unidad y revisar presión de neumáticos, únicos ítem pendientes de controlar antes del viaje.
   
07:55 2da. Escala: (JCP)
   
08:00

El grupo salió con rumbo a San Pedro , buscando la Ruta 9 (Panamericana) de la que nos separaban 180 km . El viaje transcurrió entre anécdotas de los primeros campamentos de Paré y algunas de sus aventuras. Cuando llegó el momento del ansiado mate, se descubrió con hondo pesar que el termo de acero inoxidable se había pinchado disipando el calor del agua. Los mates tibios no eran lo mejor, pero sí, fueron mejor que nada.

A la altura de Escobar, Paré realizó – a pesar de la neblina reinante – el ritual propiciatorio (acá me quedé pensando… bailó la danza de la lluvia? Juassss q propició??? O se me metió a 1 cyber a ver sus mails no queda claro, mencionar algo que haga “referencia” a los rituales del capi…) (que dio excelentes resultados como se confirmó a posteriori). Si bien el proyecto original consistía en visitar primero el Museo y luego Vuelta de Obligado, un correo-e de José Luis Aguilar nos decía que recién a las 14:00 podrían atendernos.

Por lo tanto, el primer punto del viaje fue Vuelta de Obligado
   
09:40

En la creencia de que el camino que unía la localidad de San Pedro con Vuelta de Obligado aún era de tierra, sumado a esto, una interpretación errónea de la cartografía, hizo que el arribo a la última localidad nos hiciera pasar a través de Gobernador Castro y de algunos caminos vecinales.

En Gobernador Castro se realiza la fiesta provincial del durazno alrededor del mes de Noviembre. (Hay que hacer algún otro comentario sobre la importancia de la fiesta para Gob. Castro, de lo ocntrario es un dato que no aporta info a esta expedición… recuerde que no todos los lectores, hemos ido por esos lares…)

Los caminos vecinales transitados, de tierra, bordeaban plantaciones de cítricos, casi todos naranjales y en muy menor medida pomelos. Podían verse también algunos durazneros, ya sin frutos ni hojas, seguramente esperando la poda estacional.
   
10:05

Al llegar a Vuelta de Obligado, que no es un pueblo de planta urbana típica, sino – más bien – un conjunto de casas más o menos desperdigadas, se hizo una exploración general: La gran cantidad de agua haría imposible llegar a la Cueva del Toro. Se buscó otra alternativa para explorar. Sobre la barranca del Paraná, aguas abajo, una “ventana” un corto túnel la atravesaba, dándole el aspecto del cráneo de un roedor abrevando en el Río Paraná.

Llegados a ese punto de la costa JAC analizó la posibilidad de usar esa pendiente para realizar la primera práctica de rapell para el grupo.

Se llevó la Unidad Móvil de Tierra (UMT) más cerca del lugar y se preparó el equipo:

Una varilla de hierro que – profundamente clavada en la tierra – sería la encargada de proporcionar el anclaje de las sogas que se utilizarían en el descenso. Las sogas (originalmente cabos del “Embustero”, el velero de JCP) iban a permitir el descenso a través del plano inclinado. El arnés utilizado era un cinturón de seguridad que – convenientemente modificado – daba dos vueltas alrededor de la cintura, era cerrado por un mosquetón con seguro y – con otro mosquetón se unía al “ 8” que actúa como un generador de fricción disminuyendo la velocidad y controlando el descenso.

Como corresponde a su mayor experiencia (en el país de los ciegos...) JAC fue el primero en descender.

Lo siguió JCP quien quedó prendado por la experiencia. NAC prefirió esperar una ocasión más propicia para hacer su primer descenso con esta técnica.

Una vez que todos estuvimos en el nivel inferior de la barranca, recorrimos el túnel de no más de 2 m de largo y 1,5 m de altura, que atravesaba la barranca. Se hicieron algunas tomas del paisaje costero y – por último – JCP realizó un nuevo rapell pero no en plano inclinado, sino en una pared a 90° respecto de la vertical.

Mientras el grupo estaba en la barranca observando las evoluciones del río, se comprobó que no todos los remolinos eran dextrógrados. De hecho, la mayor parte fueron levógrados, más relacionados con las diferencias de velocidades entre el centro y la orilla del río.
   

11:20

Recuperado el equipo, se consultó a los pobladores locales sobre la posibilidad de acceder a la Cueva del Toro. Todos la conocían, pero no con el nombre del Toro, sino que la llamaban – directamente – “La Salamanca”. El acceso a la misma era imposible por la altura del río. Estaba anegada. Sin embargo, nos refirieron a otra cavidad de menor desarrollo, que no tiene nombre. Por lo que en un cruce de miradas, afloró el entusiasmo por “bautizarla”.

La gente de la zona mantenía costumbres ancestrales que se han perdido ya en San Pedro. A sólo 20 km de distancia: en una de las casas se veían ristras de facturas de cerdo (chorizos) oreándose bajo los aleros, como así también el charqueado de la carne (piezas de poco espesor, saladas y secas, que se utilizan luego en guisos, a falta de carne fresca). Otro de los pobladores consultados estaba construyendo su casa de ladrillos, pero paralelamente levantaba paredes de quincha revocadas con adobe, técnica utilizada desde hace 400 años.
   
11:46

Arribamos a la cavidad que nosotros la bautizamos “De la Lechuza”. Ya que a su resguardo anidaba una lechuza (posiblemente de los campanarios [Tyto Alba] que – molesta por nuestro ingreso – abandonó la cueva con su típico vuelo silente. La cavidad está semi-oculta por la vegetación unos cientos de metros aguas arriba, también sobre las barrancas. No se intentó ubicarla por GPS en función de la alta barranca y de la abundante vegetación, a sabiendas de las limitaciones del modelo 38 de Garmin.

La boca - enfrentada al río – tendía unos 6 m de ancho por 2,5 de alto, con un desarrollo de unos 20 m . La altura disminuye hacia el fondo como si fuera una cuña. Sin embargo, hacia el lado izquierdo de la cavidad, mirando hacia arriba, se veían los signos de un derrumbe casi circular, que –tal vez en un futuro próximo – genere una sima, ya que el área circular era de alrededor de 3 m de diámetro.

La boca de la cavidad estaba literalmente tapizada por telas de araña. Nos permitió suponer que la boca era un lugar de alto tránsito de entomofauna, que es lo que hacía el lugar atractivo a los arácnidos. De hecho, se podían distinguir algunos odonatos (caballitos del diablo o alguaciles) que habían caído en las trampas. El piso de la cueva mostraba huellas de sus ocupantes animales, como algunas plumas del ave strigiforme
   
11:53

Dan do por terminado el segundo objetivo del viaje, abandonamos la “Gruta de la Lechuza*” rumbo a San Pedro, en busca de un frugal almuerzo que nos permita continuar la jornada.

*(conocida así, al menos por ese día…ya que cuando conversamos con los Gabriel Redonte, del Grupo Espeleológico Argentino, resultó que estaba catastrada en la década del 80, cuando estaba acondicionada como vivienda, con una lona cubriendo la entrada)
   
12:40 Hicimos una breve pausa para ingerir alguna vitualla de poca monta, tan sólo para acallar el pedido de nuestros estómagos.
   
14:00 Arribamos a Pellegrini 145, sede del Museo Paleontológico de San Pedro, institución de reciente creación (no más de un mes y medio), donde José Luis Aguilar nos atendió y nos explicó que – en primer término – visitaríamos los yacimientos, ubicados a 7 km de San Pedro, en la Cantera de Expósito.
   
15:07

El guía viajó en nuestro vehículo y nos puso al tanto sobre el tipo de fósiles que encontraríamos en el lugar: entre 8.000 y 150.000 años antes del presente. Mucha de la fauna encontrada allí posiblemente conoció a los primeros humanos de la región.
Nos contó las anécdotas de los inicios del grupo en San Pedro, de su contacto con José Bonaparte (jefe de Paleontología del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia) y de los hallazgos más o menos sistemáticos, más o menos casuales del material.

La mayoría de los fósiles corresponden a una franja entre los períodos Bonaerense y Ensenadense que correspondió a un período en que la región era un humedal o pantano. Por lo tanto, si bien se encuentra gran cantidad de restos, los mismos están en mal estado, los esqueletos casi siempre desarticulados, los huesos quebradizos...
   
15:18 Mientras realizaba la guía, José Luis Aguilar encontró un maxilar sobre el cual ponerse a trabajar. Según los miembros de este equipo, suponemos un maxilar superior, ya que se adivinaban porciones del palatino, pero – subrayamos – es sólo una estimación de nuestra parte que saldrá a la luz a medida que la tosca sea retirada.
   
16:00 Finalizada la visita al yacimiento, volvimos a la sede del Museo donde se nos mostró el material levantado del terreno, ya presentado, catalogado y ordenado, además de ponernos al tanto de la historia de la casa y de su restauración.
   
16:15 Terminada la visita “oficial” observamos cómo se trabajaba en la limpieza de los bochones con el material en bruto traído del yacimiento, para eliminar la tierra y piedras adheridas al hueso. Ese trabajo debe realizarse con cada una de las piezas (no importa tamaño forma o cantidad) para obtener un resultado útil para el científico y ameno para el entusiasta.
   
16:39 Dan do por concluida la visita a San Pedro y su área de influencia, se hace una foto probatoria de nuestra presencia en la zona y se emprende el regreso rumbo a Buenos Aires.
   
19:20 Fin de la Expedición